Salte la navegación

Llegué al día a las 6 de la mañana en un instante de mi cuarto frío y oscuro, me levanté, prendí las luces y recorrí tanteando la primera media hora, me tardé un baño, ponerme la ropa y café. Por la ventana, de pie en el centro de las 6:30 a.m. contemplé el panorama alrededor; ayer se perdía en la distancia, a lo lejos podía ver las sombras puntiagudas de las últimas horas de la madrugada; miré hacia el otro lado para ver el nuevo amanecer acercarse, enfoqué la vista y me entretuve con las figuras que los segundos formaban de minuto a minuto; ya era la luz, el escritorio, ya era amarillo y naranja. Ya era calor. Y también ya era mucho cuarto, mucho departamento, mucho irse a trabajar; me desvié, soy un vago, siempre meto las narices en horas donde no me llaman. Ese día no quise ir a las 8:00 a.m. del trabajo y me dirigí a las 9:00 a.m. mediante un rodeo por el centro de la ciudad. Esperé un microbús de más y pasaron obreros sentados, escolares fuera de la prisa, camiones de basura. Me encanta contemplar a la ciudad, cualquier ciudad, despertarse; quisiera darle un beso y hacerle el amor en instantes elásticos para fundir orgasmo con despertar ¡Buenos días! ¡Buenas vidas! ¡Buenas idas! ¡Buen placer, señor abarrotero, un paquete de cigarrillos, por favor! Llegué a las 8:15 a.m. y se me hizo el centro de la ciudad con su olor fresco, un cigarrillo y caminar por los callejones de un cuarto de hora. Empleadas de comercios, minifaldas y piernas, colas de caballo, trenzas, broches, mallas, pedacitos de calor que crecen, ojos cafés, verdes, mejillas enrojecidas, colorete. Me distraje y di vuelta en círculo sin querer, hago estos deja vu seguido, soy un vago. Es el mismo momento visto desde otro ángulo. Me dieron ganas de correr, así que pensé en las posibilidades pictóricas de los triángulos rojos y azules, pero me detuve y regresé al día anterior para tomar impulso desde sus 6 de la tarde, donde dichas figuras me cercaron por todos lados hasta que los aplaqué con una pepsi cola. Maldita mercadotecnia. Ya con el impulso suficiente, salté… Apenas y sentí cuando llegué a la tarde de aquel presente, debí pasar por mi horario de labores a velocidad de fórmula uno; seguramente mis compañeros de trabajo ni el polvo de mis pensamientos vieron; en mi cuaderno había diez hojas llenas de rojos y azules triángulo. Pensar es la manera más corta de llegar al momento deseado, la velocidad depende de lo pensado; para ir a instantes lejanos uso la ruta del agua: pienso en nubes y su arquitectura, en delfines aeronautas, o simplemente me dedico a erosionar alguna inquietud petrificada; para traslados cercanos prefiero la vía del fuego: mujeres, sexo, canciones o sólo un termómetro de las emociones a mi alrededor. La tarde es una cafetería bien iluminada, un libro y algún amigo para platicar. En la esquina de las 6:00 p.m. topo de frente con un templo blanco de media hora: el templo de mi muerte; entro persignándome a reflexionar… después de dos cigarrillos y un amigo, salgo por la primera puerta que recuerdo; todavía es cafetería pero queda poca, espero sus últimas lecturas y se hace el camino de regreso a casa, me subo a las 7:00 p.m. y en unos cuantos recuerdos llego a las 8:00 p.m. Entro a las 9:00 p.m. y son los sueños, así que me pierdo en despoblado.

Bendito consumo del verbo y el sustantivo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.