Para taladrar el silencio.
Hace falta una ventosa
una fracción de lágrima en adelanto
un abrigo de alcoholes
que pueda laminar en su olvido
todas las clasificaciones del cariño.
Para taladrar este silencio terco
gritándome en espejos de sal,
hace falta tu risa centrífuga,
dejándome este Nosotros
que generalmente resbala.
Para taladrar el silencio
del inoxidable cosmos,
hace falta fundir una estrella
en los ojos de un niño
que pide respuestas.
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- Octubre 11, 2009 / 11:12 pm
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