Estos labios tecnicolor
no pueden dejar de hablar,
estas uñas acrílicas
convulsionan en el teclado.
Pero es que si me callo,
el silencio es ¡tanto!
y la oscuridad: total.
Ojalá yo fuera un maniquí
de duro plástico,
a la última moda vestida,
sin ése feo hábito de comer;
inmune al virus del amor,
no necesitaría cirugías,
si acaso piezas de repuesto.
Silencio, no me interrumpas
que no quiero escucharte;
si hablas, te doy clic y ya.
Mira mis fotos,
este es mi ojo
y estas mis orejas;
aquí está mi tatuaje.
Si me pones atención,
serás de mis preferidos.
Me gusta arrodillarme en el pavimento
con un vestido ligero y tacones de azufre,
pintarme el pelo de colores
o usar mangas de encaje.
Me gusta limpiar mis fetiches
con tu mirada,
y sentir algo denso
como una jalea de piernas
que se va por el drenaje
cuando me desconecto.
Soy un grito ahogado en los audífonos,
una lista de seudónimos en el monitor;
soy el glamoroso spam
del acoso cotidiano,
la más especial de las etiquetas.
Soy la postal de amor
en tu correo electrónico,
que inserta un programa espía
en tu cuenta de crédito.
Cuando salgo a la calle
con mis enormes gafas oscuras,
el mundo se vuelve
una nube de estática:
nada tiene sentido,
todo es ruido blanco.
Así que saco mi celular
y mando mensajes de texto,
mientras espero
mi próxima conexión.
De nuevo en la red,
me exhibo ante un millón de desconocidos,
y el incendio de mi caída
resbala por el maquillaje
de la blogósfera.
2 Comentarios
Aggghhhh
pero si la estoy viendo
Silencio, no me interrumpas!!!
buenisimo
como vas con el mundo minimalista?